Conferencia Mi pasión es mi vida de Ana Lavatelli

Cara de chancho y Ligera como una pluma tienen un elemento en común, que es el uso de un realismo mágico que no busca introducir elementos fantásticos separados de la realidad, sino elaborar metáforas de gran impacto emocional que sirvan para ofrecer interpretaciones abiertas de la vida real y profundizar aspectos de nuestros comportamientos sin hacer moralejas. Me gusta que el lector se deje llevar por la sorpresa y descubra de una forma más natural, a través de su inteligencia emotiva, lo mucho que hay por detrás. La metáfora es para mí un instrumento príncipe para trabajar situaciones conflictivas o afectivas de una forma que pueda tocar de muy cerca la sensibilidad de mis lectores. Sus imágenes fuertes, poéticas, impactantes entrando dentro de la narración de vivencias aparentemente comunes y corrientes (por ejemplo, una pelea entre chicos, originada por gusto) dejan un rastro más incisivo en la mente y el corazón del lector, porque transforman lo cotidiano en epopeya (por ejemplo, una anciana volando en una alfombra mágica sobre la ciudad a pesar de ser muy, muy gorda). Y yo creo que los jóvenes desean que alguien les ofrezca cuentos en los que la vida de cada uno aparezca por lo que les gustaría que fuese o que no saben que realmente es: una epopeya llena de desafíos y aventuras. Cualquier lugar, cualquier persona – en una situación aparentemente banal – puede generar historias muy animadas. Cada existencia es una gran aventura. Simplemente se trata de descubrir dónde se esconde. ¿Bajo la cama? ¿En el jardín del vecino? ¿Dentro del fólder del profesor? Poco a poco, mientras escribo, la narración toma su forma propia, pasan cosas que no había pensado al principio, y la personalidad del protagonista o de los protagonistas – formándose en el camino – me ofrece nuevas ideas y me lleva adonde no pensaba ir. Lo que más me apasiona, es imaginar cómo reaccionará mi 'héroe', el cual – como mis jóvenes lectores – está tratando de instalarse en este mundo, con escasa experiencia de la vida y pocas herramientas para entender lo que pasa, pero con muchísima ilusión de superar los problemas o las dificultades que están de por medio. Mis personajes protagonistas son héroes cotidianos, o sea imperfectos, de manera que mis lectores puedan reconocerse en ellos, tanto en sus defectos como en sus virtudes, y descubrir que en un ser humano hay matices de sentimientos, y no bondad o maldad en blanco y negro. Alguna vez, por el contrario, he puesto ancianos (como en Ligera como una pluma ), que son muy interesantes para explorar en un plan narrativo de LIJ, porque comparten parte de la inseguridad de los chicos, pero van en sentido contrario, ya que ellos, en lugar de ganar, están perdiendo lentamente la independencia: física, económica o social. Y además, hoy en día, les toca experimentar la obsolescencia del valor de sus conocimientos, en un mundo tan cambiante como el nuestro, donde un nieto sabe más de tecnología que su abuelo. Hay puntos en este camino hacia adelante

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