Páginas MUESTRA
número de cordones y el orden en que había que ejecutar las soldaduras. Esta hoja (un formato similar a una ficha de un libro de recetas) incluía también los detalles necesarios como las dimensiones de las piezas a unir, el tipo de electrodo a emplear, el amperaje, la polaridad, etc., así como una breve descripción de las técnicas necesarias para realizar el ejercicio. Ese día lo pasé fuera de las cabinas, observando cómo los estudiantes interpretaban mis indicaciones y con todo el tiempo del mundo para atender las dudas y preguntas de cualquiera que lo necesitara. Al final del día, alguien me preguntó: “¿Y la ficha del siguiente ejercicio?”. Durante mucho tiempo, al comprobar que el nuevo sistema funcionaba, dediqué unos minutos al día a preparar la ficha de ejercicios de la siguiente sesión formativa. Debo decir que la ficha salía de mis propias notas y apuntes, pues, desde el principio de mi vida profesional, tomé la costumbre de escribir a diario lo aprendido en un cuaderno, poniendo especial interés y detalle en apuntar todo aquello (trucos, técnicas, parámetros, etc.) que me hubiera permitido superar un examen de homologación de soldador. Esto es algo que recomiendo a mis alumnos; siempre les digo que el mejor y más personalizado libro de prácticas de soldadura es el que escriban ellos en base a su experiencia después de comprobar en primera persona que lo anotado funciona. La cuestión es que, años después, había preparado suficientes fichas para atender los Certificados de Profesionalidad en soldadura y los cursos de especialidad que actualmente están disponibles en las programaciones del SEPE. Por otro lado, seguí llenando de notas mi cuaderno, tanto con mi experiencia personal con los exámenes de homologación como con todo lo aprendido entrenando a soldadores para que estos obtuvieran sus propias certificaciones. Si hoy tienes este libro en la mano, se debe a que un día Mayte, mi mujer, me dijo: “Y todas esas fichas tuyas, ¿no te las publicarían?”. Quiero aclarar que no tengo ninguna intención de afirmar que todo lo que aquí se describe es invención o propiedad mía. Todo lo contrario, he tenido la suerte de conocer a muchos profesionales que han compartido conmigo su saber y este libro quiere rendirles un homenaje. Tal y como ellos me enseñaron, el conocimiento no es de nadie; una vez tenemos acceso a él, solo somos sus mensajeros y es nuestro deber compartirlo para ayudar a los que ahora se inician. El propósito de este libro no es simplemente enseñarte a soldar. Su verdadera esencia es acompañarte en tu camino, sea cual sea tu nivel o experiencia. Pero permíteme
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