FARMACOLOGIA

Farmacología • Toxicidad de los fármacos

• Antianginosos: insuficiencia cardiaca, alteraciones vasculares periféricas (frialdad de las extremidades, síndrome de Raynaud, vasodilatación periférica), hipotensión, taquicardia, bradicardia grave. • Antiarrítmicos: arritmias, hipotensión, insuficiencia cardiaca.

• Anticonceptivos orales: hipertensión arterial, tromboembolismo, infarto de miocardio. • Antidepresivos: hipertensión arterial, alteraciones del ritmo, hipotensión ortostática. • Antihipertensivos: hipotensión ortostática, bradicardia, taquicardia. • Digitálicos: arritmias. • Diuréticos: hipotensión. • Hormonas tiroideas: taquicardia, angina e infarto. • Simpaticomiméticos: taquicardia, hipertensión, bradicardia, dolor anginoso.

Ototoxicidad

Muchos medicamentos utilizados en la actualidad pueden producir directa o indirectamente ototoxicidad, pudiendo dejar en ocasiones secuelas perennes e irreversibles.

La vía de administración, la función renal, la duración del tratamiento, la edad (ancianos y niños), el embara zo, el uso conjunto con otros fármacos o sustancias potencialmente ototóxicos y la presencia de patologías concomitantes son factores determinantes en la aparición de este efecto adverso. La pérdida de audición, las alteraciones del equilibrio y los acúfenos son los signos más característicos, por lo que es necesario estar muy atentos a su aparición en pacientes con tratamientos potencialmente ototóxicos. Dependiendo de las estructuras afectadas, la lesión puede ser coclear, vestibular o de ambos tipos. La sepa ración entre afectación coclear o vestibular no está clara, siendo las lesiones frecuentemente mixtas, aunque en algunos casos predomine uno u otro componente. A menudo es difícil dilucidar si los síntomas de mareo, vértigo o inestabilidad son causa vestibular central o periférica. Entre los medicamentos responsables de la aparición de ototoxicidad se encuentran algunos antibióticos como la estreptomicina, la vancomicina, el cloranfenicol y la eritromicina, los salicilatos, la furosemida, la quinidina y algunos citostáticos, como bleomicina y cisplatino.

Fiebre, hipertermia maligna e hipotermia medicamentosa

Algunos fármacos pueden producir como efecto adverso reacción febril, cesando esta, normalmente, con la supresión del fármaco.

El origen de esta reacción parece ser alérgico debido a la existencia de un intervalo de tiempo desde el inicio de la administración del fármaco, a que la fiebre es un componente habitual de la enfermedad del suero y a que se suele acompañar de otras manifestaciones de hipersensibilidad como exantema, artralgias, discrasias sanguíneas, etc. Algunos de los fármacos con más frecuencia implicados en la aparición de reacción febril son anfotericina B, asparraginasa, bleomicina, pirazolonas, N-acetilcisteína, alopurinol, barbitúricos, procainamida, quinidina, salicilatos, cimetidina, algunas sales de hierro, fenitoína, algunos antibióticos y colchicina.

Por otro lado, la hipertermia maligna, que es un cuadro raro e infrecuente y de elevada mortalidad, tiene unas características clínicas determinadas por la tríada clásica: rigidez muscular, hiperpirexia y acidosis mix-

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