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Prólogo

En 2010, tres acontecimientos cambiaron mi percepción de la vida para siempre: nació mi hijo Darío, padecí un melanoma y publiqué este libro. La historia que originó este manual me reafirma en la convicción de que nada pasa por casualidad. Creo que he presenciado suficientes señales y guiños del Destino para estar seguro de ello. Desde mis inicios como docente, los estudiantes me habían preguntado si conocía algún libro dedicado a la aplicación práctica de la soldadura que pudieran utilizar como apoyo en su aprendizaje. Yo mismo había dedicado mucho tiempo y energía a la búsqueda de un manual que describiera las técnicas y conocimientos necesarios para lograr el nivel de habilidad suficiente para realizar uniones en diversos tipos de unión con cada uno de los procesos de soldadura manual, con la garantía de calidad necesaria para cumplir con su misión. Sin embargo, el deseado libro no aparecía. En los primeros días de curso, tengo la costumbre de iniciar la clase con una demostración teórico-práctica de algún ejercicio para que todos los alumnos puedan observar la ejecución, escuchar la explicación y, llegado el caso, realizarla conmigo. Esta dinámica, aunque completa porque atiende a todos los perfiles de aprendizaje (hay quienes aprenden más escuchando, otros viendo y otros manipulando), pronto se vuelve muy difícil de realizar. Dado que el perfil del alumno de Certificados de Profesionalidad es muy diverso en cuanto a edad, experiencia y habilidad, el ritmo al que progresan suele ser muy diferente, lo que provoca que pronto cada uno esté practicando un ejercicio acorde a su nivel, pero diferente del que practican el resto de los compañeros. Por tanto, la demostración de inicio de sesión pasa de ser una a varias, hasta el punto de que solo la tarea de realizar las demostraciones y atender las dudas de los ejercicios que en ese momento se estén practicando en el aula taller llega a consumir todo el tiempo de la sesión. Recuerdo que la gestión del tiempo me obsesionaba. Aunque dedicaba horas a realizar las demostraciones, sentía que aquello no era suficiente pues no podía atender de forma personalizada al estudiante cuando, si hay algo importante en la formación de soldadores, es atender al alumno en el momento en que lo precise. Movido por la desesperación, un día decidí hacer algo diferente al inicio de un curso: entregué a cada alumno una hoja donde aparecía dibujado por mí el ejercicio, el

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