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Artículo Técnico

es contar con todo ello e integrarlo en las pautas de actuación habituales. Preparación. El ciclo de planea- miento de un ataque lleva tiempo y presencialidad que puede ser detec- tada por ojos que saben qué buscar. Si bien es cierto que las posibilidades de que un incidente armado tenga lu- gar en un objetivo blando como un centro comercial, la triste realidad es que, pese a minoritarios, son los inci- dentes que mayor número de vícti- mas provocan. Por tanto estar prepa- rados para saber cómo gestionar el in- cidente es clave: romper el estado de bloqueo y secuenciar la actuación de modo que se proteja el mayor número de vidas posible, desde cómo desarro- llar adecuadamente una evacuación ordenada a cómo tratar a víctimas con hemorragias masivas, pasando con comunicar de forma adecuada la infor- mación acerca de un incidente en de- sarrollo a las Fuerzas y Cuerpos de Se- guridad y servicios de emergencia. Reacción. Desde que se inicia el in- cidente hasta que las Fuerzas de Se- guridad y las de emergencias llegan al lugar de los hechos se produce el denominado intervalo de respuesta. En este periodo de tiempo de exten- sión variable las víctimas, los usuarios del centro comercial, del concierto o del restaurante están desamparados de no ser por los efectivos de segu- ridad privada y trabajadores de la or- ganización. En este sentido, éstos úl- timos se convierten en primeros res- pondientes que deben gestionar el incidente hasta que concluye el inter- valo de respuesta. Sin embargo, estos tres elementos de concienciación, preparación y reac- ción no surgen de la nada. Precisan de un proceso de formación previo que va desde el conocimiento de los distin- tos perfiles y modus operandi apareja- dos a las pautas a seguir de forma orde- nada pero flexible y adaptada en cada caso para minimizar el número de víc- timas o de técnicas básicas de conten- ción de hemorragias (TCCC) 10 . Por tanto no es tan sólo formación teórica, sino también práctica. Resulta perentoria la

El principal rol de la seguridad en estos objetivos debe recaer en el factor humano, la concienciación, la preparación y la reacción

empleada 6 , también pueden sembrar el caos sobre un objetivo blando. Newman definía ya en 1972 el con- cepto de espacio defendible como un modelo que inhibe el crimen creando la expresión física de un tejido social au- todefendible 7 . Sobre esta teoría, inclu- yendo nuevos elementos derivados de la introducción de nuevas tecnologías, se construye el modelo ampliado CP- TED ( Crime Prevention Through Environ- mental Design ) 8 , que añade a los ele- mentos de actividades de apoyo, con- trol de accesos y el endurecimiento de objetivos propiamente dicho. Si nos centramos en los dos últimos aspec- tos, ambos pretenden dificultar a los cri- minales –atacantes en el caso que nos ocupa– la perpetración del acto delic- tivo o ataque, en nuestro caso, sobre el objetivo 9 . En términos de teoría racio- nal, elevar los costes del ataque y redu- cir los beneficios del mismo para que el objetivo resulte menos atractivo y se abandone la opción de atacarlo. ¿Qué medidas implementar para en- durecer el objetivo a proteger? Cierta- mente la motivación y naturaleza de

la agresión varían: mientras un ladrón puede verse disuadido por un sistema de vídeovigilancia, posiblemente éste no surtirá ningún efecto sobre un terro- rista, que verá en dicho sistema un es- caparate mediático. Por tanto las medi- das de seguridad, si bien necesarias y con un enorme valor, no son suficientes en el supuesto de un ataque armado que busca no un objetivo crematístico, sino elevar el número de víctimas a lo más alto posible. En este caso, el princi- pal rol debe recaer en el factor humano como clave del espacio defendible, en la concienciación, en la preparación y en la reacción, tanto de los servicios de seguridad privada si la hubiere como del personal de la propia organización. Concienciación. La amenaza existe y es asimétrica y adaptativa. A ma- yor nivel de planeamiento del ata- que, mayor adaptación a la vulnerabi- lidades del objetivo. Por tanto el análi- sis de riesgos es vital, pero también lo es la vigilancia y la contravigilancia de elementos y actitudes sospechosas sobre bases cotidianas. No obstante, por obvio que parezca, el primer paso

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Octubre 2017

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