Gurmé Córdoba Primavera 2026
Mano a mano
Mano a mano
La Bodega, junto a una serie de barriles con los vinos más representativos de Montilla, cuenta con unas mesas de pie, estrechas y alargadas. Se parecen a pequeños burladeros, donde el parroquiano se defiende no del toro, sino de todo lo malo que puede traer la vida. Allí sólo hay buena conversación y mejor comer. Pero además, el aparente burladero está rodeado de cuadros, fotos y motivos tau rinos. Ambas tabernas son pródigas en ellos. Destaca, entre las imágenes, la presencia indis pensable de Manolete. Hay algo que inmediatamente llama la atención en ambas tabernas, La Bodega y Santa Marina, y es el ambiente taurino con muchísimas fotos y la presencia constante de Manolete, una figura omnipresente en los dos sitios. ¿A qué se debe? Jesús Murillo: Hay, por ejemplo, cosas de Manolete por todas partes porque dejó un gran legado, muchos recuerdos y grandes vivencias. Javier Chamorro: Reconozco que en mi caso fue heredado. Desde que se abrió la taberna hace 45 años, no he modificado grandes cosas, salvo poner algún cuadro. Pero es que no le prestaba ni la más mínima atención al mundo taurino. No era aficionado en absoluto. J.C.: Nada de nada. Pero empiezas a oír comentarios aquí y allá, y te va gustando el mundillo. Pero antes de eso yo iba a lo mío y ya está. En el caso de Santa Marina, incluso tiene casi un pequeño museo con objetos suyos. J.M.: Santa Marina de Aguas Santas es el barrio de los toreros y los novilleros, y en él hay recuerdos de Manolete allá por donde pisas. En las tabernas se juntaban muchos parroquianos aficionados al toreo. El apode rado de Manolete y sus amistades eran ami gos de mi abuelo. Tenían muchos recuerdos del torero y, en lugar de dejarlos en sus casas, quisieron compartirlos con toda la gente del barrio. Además son objetos muy significativos. J.M.: La máscara mortuoria de Manolete; la
medallita de Guadalupe con la que dormía para que le trajese suerte cuando toreaba en Méjico; un mechero que era un cohete con el que jugaba de chico; su libro de cuentas del colegio; también hay cuadros únicos y banderi llas. ¿Se le ha ocurrido valorarlo? J.M.: Para mí tiene un valor inmaterial y ni lo valoro ni se toca. ¿Cómo se introdujeron en el mundo de la hostele ría? J.C.: Yo no soy cordobés... ¿De dónde es? J.C.: De Tánger, Marruecos. Vine de Málaga, llego a la estación antigua, y nos paramos en un negocio de la cadena Benítez y me puse a trabajar de panadero [Nota de la redacción: se refiere a una de las figuras de la hostelería cor dobesa, Juan Benítez Navarro, fallecido en 1967 y responsable de lugares todavía recordados como ‘Benítez’, ‘Los portalitos’ , ‘La Ermita’ , ‘La Venta conejera’, ‘Los toneles’, ‘Ívory’, ‘Savarín’ o ‘El Castillo de la Albaida’]. A los cuatro meses ya empecé propiamente en la hostelería. Tenía entonces 19 años. Sería sobre 1984. ¿Y dónde ha trabajado? J.C.: Empecé en el Bar Julio, al lado del antiguo estadio, luego en El Mandoble, Bar Jardín, otra cervecería de aquí detrás... y curiosamente una vecina me dijo que buscaban a alguien aquí. Y aquí me vine. De eso hace 25 años. Mi jefe se jubiló hace 14 años y me lo quedé. J.M.: Es curioso, porque La Bodega está en un sitio escondido y tiene que atraer a la gente. Y eso tiene un esfuerzo. [Nota de la redacción: La Bodega se encuentra en la calle Alhakén pero en un callejón sin salida que converge en ella]. J.C.: Un esfuerzo diario, y mucho más con el cliente habitual, con el que tienes que tener un tacto enorme, ya que es más exigente que el turista, por ejemplo. Hay que estar más pen diente.
Con el cliente habitual debes tener un tacto enorme – Javier Chamorro
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