Formación de Seguridad Laboral 201
30 aniversario revista FSL
Nadie debe morir ni sufrir por trabajar: 20 años escribiendo para que eso no ocurra
Jaime Sáez de la Llave Subdirector de la revista ‘Formación de Seguridad Laboral’
C on este número especial, celebramos el aniversario de ‘Formación de Seguri dad Laboral’. Como sub director de esta publicación, y tras dos décadas dedicadas por mi parte al perio dismo especializado en seguridad y salud laboral (de ahí el titular de esta carta), quiero aprovechar para compartir algu nas reflexiones que considero necesarias. No están todas, por cuestión de espacio, pero son las que importan y me ‘duelen’. Mi primer pensamiento –y el más rele vante– es para quienes ya no están. Para los trabajadores fallecidos en accidentes laborales, y para sus familias, que sufren una pérdida injustificable. “Nadie debería morir por trabajar; tampoco enfermar”: esta es una premisa básica, y sin embar go, cada día sigue ocurriendo. Si aún hay muertes, lesiones, enfermedades físicas y mentales causadas por el trabajo, es porque todavía queda mucho por hacer. Por otra parte, desde mi trabajo como periodista, he visto cómo la siniestralidad laboral es muchas veces un tema invisi ble fuera del sector. No tiene el espacio que merece en la agenda pública ni el ri gor que requiere en los análisis. Además, frecuentemente se difunden narrativas simplificadas o confusas, como cuan do se asocia el absentismo laboral a
conductas delictivas, sin distinguir entre ausencias justificadas (por enfermedad profesional, por ejemplo) y otras situacio nes que nada tienen que ver. En cuanto a la conciliación laboral, a menudo se cae en la trampa de acotar la únicamente a quienes tienen hijos o familiares dependientes a su cargo. La conciliación no debe entenderse como un beneficio excepcional, sino como un derecho inherente a todo trabajador, independientemente de su situación personal. Del mismo modo, el debate sobre la desconexión digital incurre en redun dancias. El propio contrato laboral ya fija los márgenes de la jornada de trabajo, con una hora de inicio y de final. Refor zar la necesidad de “desconexión” no debería significar crear nuevas normas, sino hacer valer las que ya tenemos. Lo importante no es acumular regulacio nes, sino garantizar que se respeten las que existen. Tampoco podemos seguir ignoran do la violencia psicológica que sufren muchos trabajadores, atrapados en entornos tóxicos donde ir a trabajar es una tortura. Frente a esto, no se puede responder con un paternalismo –basa do en confiar en la “buena fe” de que al empleado “se le tratará bien”–, ni
mucho menos con medicamentos que pretenden que el trabajador “se resigne”. Deben existir leyes claras y mecanismos efectivos de protección, para que quie nes denuncien estas situaciones no sean estigmatizados como conflictivos: así como nadie debe morir en el trabajo, nadie debe sufrir por trabajar. Ambas co sas importan por igual. Y qué decir de los técnicos y profe sionales de la prevención, un colectivo muchas veces tristemente olvidado. So portan salarios bajos, jornadas intermi nables, exceso de burocracia y una car ga de responsabilidad desmedida. Son pieza clave del sistema preventivo y, sin embargo, no siempre reciben el recono cimiento ni las condiciones laborales que merecen. Prevenir con precariedad es una contradicción que debemos resolver. No quiero cerrar esta carta sin aludir a una necesidad urgente: una reforma de la Ley de Prevención de Riesgos La borales. Pero no una reforma desde los despachos, sino desde el terreno, inclu yendo a quienes conocen la realidad del día a día, a los que respeto y admiro. Por todo ello, a todos los que hacéis de la prevención vuestra razón de ser, os doy las gracias, hoy y siempre. Contáis con un aliado en mí para continuar comunican do en seguridad y salud laboral.
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/ Mayo-Junio 2025
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