el Modelo de Responsabilidad Personal y Social (MRPS)
expectativas de éxito, tanto a nivel individual como colectivo. Fomentar las relaciones interpersonales y la inserción social entre el alumnado es clave para conseguir los objetivos de aprendizaje, pero para ello hay que incidir en cómo se gestiona el grupo clase que, en este caso, se lleva a cabo mediante el desarrollo de elementos acrobáticos que tengan una clara vinculación pedagógica, tanto a nivel motriz como emocional. Otro elemento fundamental para hibridar estos dos modelos es el empleo de la evaluación, debiendo ser formativa y compartida, a través de la aplicación de diversidad de instrumentos que fomenten la autonomía y la responsabilidad del alumnado hacia el desempeño de las tareas. Tanto a nivel conductual, como motriz y social es imprescindible que el alumnado se autoevalúe y, como consecuencia, tome decisiones a la hora de mejorar su trabajo. Esto se observa claramente cuando el grupo tiene que elaborar su MF, decidiendo qué elementos van a realizar, quién los va a hacer, en qué momento y cuál será la secuencia elegida a llevar a cabo, con el fin de adecuar todo el trabajo grupal a los tiempos establecidos. Además, la evaluación entre pares favorece el hecho de compartir experiencias entre grupos, lo que enriquece los climas motivacionales en el aula. Estos enfoques evaluativos, estructurados a través de la implicación del alumnado, favorecen la autorregulación del aprendizaje, ya no solamente académico, sino también social. Otra de las consideraciones importantes para la hibridación de estos dos modelos se encuentra en la forma de generar los agrupamientos. Partir de la formación de parejas, para a partir de ahí ir evolucionando a grupos de cuatro, ocho, dieciséis (OSA)… permite ir generando buenas experiencias entre los estudiantes, además de controlar, por parte del docente, el nivel de respeto y compromiso existente. Lo que es evidente es que para generar un buen clima de grupo se necesita que el alumnado se perciba competente, así como que considere que los demás también lo sean, algo que redundará positivamente en su motivación hacia las clases. Por último, un factor esencial es que el docente compruebe a lo largo de la SA y del curso, cómo va evolucionando el nivel de responsabilidad personal y social de los estudiantes, y cuando se hace con instrumentos de evaluación concretos y compartidos por el resto de docentes, es mucho más sencillo, transferible y gratificante. 5. Conclusiones La hibridación entre el EA y el MPRS permite aprovechar las características comunes de ambos modelos con el fin de mejorar los aspectos afectivo-emocionales y diferentes variables psicosociales de los alumnos desde una etapa inicial, sobre todo en aquellos grupos con más dificultades. En este sentido, la aplicación del MPRS permite que los estudiantes reflexionen, tomen conciencia y asuman nuevas responsabilidades personales y sociales desde las primeras fases de la SA. Como consecuencia, las ACI y la OSA, partes características del EA, son consolidadas con mayor eficacia durante el proceso de enseñanza-aprendizaje. Como ha sido reflejado a lo largo del capítulo, los procesos de evaluación formativa y compartida adquieren un rol protagonista en todo momento. Para ello, el diseño específico de instrumentos de evaluación y calificación para la aplicación del MPRS son determinantes para la evidencia y la implicación del alumnado en la generación de un clima positivo en el aula.
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