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Febrero 2016
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Corría el año 1968 cuando en la ciudad Estadounidense de
Pontiac, en el estado de Michigan, se registró un extraño epi-
sodio que afectó al personal de la oficina del departamento
de Sanidad de aquella localidad. El 95% de los que allí trabaja-
ban cayeron enfermos presentando estado febril e insuficien-
cia respiratoria. Ante la agresividad del brote, miembros del
Centro de Control y Prevención de Enfermedades se despla-
zaron a esas instalaciones para estudiar las posibles causas de
la afección; el resultado fue que muchos de ellos también se
vieron afectados por la dolencia tras permanecer en el edificio
realizando la investigación. Afortunadamente todos los afec-
tados se recuperaron favorablemente y no hubo que lamen-
tar males mayores.
La causa de la dolencia, que se denominó
Fiebre de Pontiac
,
no se pudo determinar con exactitud nunca, aunque se sospe-
cha que estuvo relacionada con algún tipo de agente transpor-
tado por vía aérea debido al alto índice de incidencia y a la rapi-
dez en su propagación. Lo que sí se pudo deducir es que su ori-
gen estaba ligado al espacio de trabajo, ya que los afectados en-
fermaron al permanecer en él y una vez que lo abandonaron los
síntomas remitieron. Este episodio está catalogado por algunas
fuentes como el primer caso de Síndrome del Edificio Enfermo
registrado en las crónicas.
Aunque el episodio de Pontiac puede entenderse como un
caso extremo de Síndrome del Edificio Enfermo por su viru-
lencia, lo cierto es que las tendencias arquitectónicas y sociales,
con edificios cada vez de mayor tamaño, más aislados y sin ven-
tilación exterior, y el desarrollo desde finales de los años seten-
ta de los denominados edificios inteligentes, con control central
y automatizado de los distintos servicios del edificio, como ven-
tilación o calefacción, han propiciado la aparición de casos atri-
buibles al Síndrome del Edificio Enfermo aunque en general no
se trate de episodios tan severos como aquel.
Según la definición de la Agencia Estadounidense de Medio
Ambiente, se utiliza el término Síndrome del Edificio Enfermo
para describir situaciones en las que los ocupantes de dichas ins-
talaciones sufren de ciertas alteraciones de salud o simplemen-
te no existe
confort
; que aparentemente están relacionadas con
el periodo que se permanece en el edificio, pero sin que se pue-
da determinar una causa específica o una enfermedad concreta
que explique completamente dicha dolencia. El fenómeno pue-
de estar localizado en algunas estancias concretas o puede afec-
tar a toda la edificación.
La sintomatología que puede llevar a diagnosticar un edifi-
cio enfermo es muy variada, pudiendo llegar a ser en ocasiones
compleja, ya que suele ser el resultado de la combinación de
distintos efectos. Los síntomas más significativos incluyen:
Irritaciones de ojos, nariz y garganta.
Sensación de sequedad en membranas mucosas y piel.
Ronquera.
Respiración dificultosa.
Eritemas (Erupciones cutáneas).
Comezón.
Hipersensibilidades inespecíficas.
Náuseas, mareos y vértigos.
Dolor de cabeza.
Fatiga mental.
Elevada incidencia de infecciones respiratorias y resfriados.
Lipoatrofia semicircular.
En ciertos edificios pueden, además, verse potenciadas algu-
nas enfermedades comunes del individuo, tales como sinusitis y
algunos tipos de eczemas.
Síndrome del Edificio Enfermo y Facility
Management
Raúl Ortiz Rodrigo
Ingeniero Industrial
Director Calidad, Medio Ambiente y Prevención en Sitta Sillería de Oficina, S.L.L.




