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Junio 2017

proteccion cabeza ocular auditiva y respiratoria

Más información:

consultas@borrmart.es

Bibliografía.

1. Vaquero-Crespo J. Traumatismos craneoencefálicos. En:

Neurología Extrahospitalaria. Madrid, 2004. Ed. A. Alayón,

págs.457-477.

2. Martínez-Pérez R, Paredes I, Munarriz PM et al. Encefalopa-

tía crónica postraumática: aquella gran desconocida. Neurolo-

gía. 2017;32(3): 185-191.

3. Campdelacreu J. Enfermedad de Parkinson y enfermedad de

Alzheimer: factores de riesgo ambiental. XII Reunión Anual

del Grupo de Neurología del Trabajo de la SEN. Barcelona,

2011.

http://neurologiadeltrabajo.sen.es/pdf/ponencia2011f.pdf

4.Quera-Salva MA, Leger D. Trastornos del sueño en pobla-

ción laboral ocupada. Curso de formación continuada. Grupo

de Neurología del Trabajo de la Sociedad Española de Neuro-

logía. Barcelona, 2008.

http://neurologiadeltrabajo.sen.es/cur- so_nt_2008.htm

5. Ortells-Ramon L, Tapiador-Sanjuán MJ, Vázquez-Espierrez C.

Determinación de contingencia en patología cerebrovascular

aguda. Reunión del Grupo de Neurología del Trabajo de la

SEN. Barcelona 2007.

http://neurologiadeltrabajo.sen.es/pdf/draortells_2007.pdf

6. Tejero-Juste C. Casuística hospitalaria de ictus en pobla-

ción activa. Formas clínicas de presentación. Reunión del Gru-

po de Neurología del Trabajo de la SEN. Barcelona, 2007.

http://neurologiadeltrabajo.sen.es/pdf/drtejero_2007.pdf

7. Gil-Núñez A. Los diferentes factores de riesgo laboral y su

impacto en el ictus ocupacional. Grupo de Estudio de Neuro-

logía del Trabajo de la SEN. Barcelona, 2007.

http://neurologia- deltrabajo.sen.es/pdf/gil_2007.pdf.

causas mencionadas, se puede realizar prevención específica de

posibles AT y, en cualquier caso, pautas que fácilmente se po-

drían adoptar en la mayoría de puestos de trabajo:

a) Prevenir el riesgo de una mala adaptación al trabajo noc-

turno.

b) Detectar precozmente patología del sueño subyacente.

c) Favorecer una buena higiene del sueño y realizar siesta si se

precisa.

d) Regular adecuadamente la iluminación del puesto de traba-

jo (4).

3. Los ictus en jornada laboral.

Los criterios actuales para considerar un ictus como AT son:

“las enfermedades de súbita aparición, como infarto agudo de

miocardio, angor o ictus que acontecen en el lugar y tiempo de

trabajo, la existencia de presunción de laboralidad y el no po-

der descartar la influencia de factores laborales” (5). A este res-

pecto ya existe una jurisprudencia consolidada que determina

que quien se oponga a la calificación del ictus como AT será el

que deberá probar que no tiene ninguna relación con el traba-

jo y, en consecuencia, no existe presunción de laboralidad. Al

invertir la carga de la prueba, se está reconociendo de antema-

no que no se pueden descartar la influencia de factores labora-

les como desencadenantes.

Para conocer los criterios de laboralidad que algunos ictus

cumplen, reconocerlos como AT y detectar posibles factores

desencadenantes, además de otros objetivos, se realizó un es-

tudio retrospectivo en una muestra de 1.234 pacientes, tras el

alta hospitalaria (6). De los resultados, destacan los autores del

trabajo que, en esta muestra de trabajadores, la frecuencia de

ictus en relación con el puesto de trabajo y horario laboral es

de un 23,7%. De ellos, el 86,5% se produjo en jornada laboral

y el 13,5% “in itínere”; predomina el ictus hemorrágico frente al

ictus isquémico. El 87,7% eran varones.

En ocasiones el ictus está provocado por una disección ca-

rotídea traumática, con mayor frecuencia de la carótida ex-

tracraneal, tras un traumatismo cervical anterior; pero si el

traumatismo es a nivel cervical posterior, se puede provocar

una disección de la arteria vertebral. Con menos frecuencia

también hemos visto fístulas carótido-cavernosas, atribuibles

a traumatismos craneales menos graves, por caídas al mismo

o diferente nivel.

Es preciso hacer hincapié en el estrés como factor de riesgo

vascular independiente, pero las dificultades para su identifica-

ción como tal persisten y es mayor aún la dificultad para su con-

trol en el trabajo. No obstante, los expertos y responsables de

las unidades de ictus no parecen tener ninguna duda de que el

estrés laboral incrementa el riesgo cardiovascular y es un factor

de riesgo potencial de ictus, en relación con hábitos de vida in-

adecuados, hipertensión arterial, depresión o síndrome meta-

bólico. Consideran también que el estrés laboral es tratable y

que se deben realizar programas de educación para la salud; en

definitiva, prevenir el ictus en el lugar de trabajo (7).