25 años dela invasión - page 8

LA PRENSA
SÁBADO 20 DE DICIEMBRE DE 2014
DINERO.
Tras la invasión, los estadounidenses recopilaron
pruebas en contra de Noriega.
LA PRENSA/Arhivo
*
TESTIGOS FUERON Y VINIERON: LA MAYORÍA ASEGURABA
ESTAR PRESENTE EN EL MOMENTO EN QUE NORIEGA
RECIBÍA DINERO DE NARCOTRÁFICO, O CUANDO DABA
ALGUNA ORDEN QUE VIOLARA LA LEY. ERA UN JUICIO QUE
ESTADOS UNIDOS NO PODÍA PERDER.
PROCESO.
Según reportes periodísticos de la época, el exgeneral panameño lucía tranquilo durante el juicio en Miami, donde lo sentenciaron primero a 40 años.
Por su buena conducta le rebajaron la pena a 30 años y por último a 17 años.
LA PRENSA/Archivo
quería escuchar a su contra-
parte para determinar su
estrategia.
Del otro lado, el fiscalMi-
chael Sullivan, delgado, alto
y canoso. “Es un hombre pe-
queño en suuniforme de ge-
neral,elúltimohombrefuer-
te de Panamá. Se podrá ver
pequeño en esta enorme sa-
la, peroeraungiganteenPa-
namá”. Así hablóSullivanen
su apertura, según reportó
entonces el diario
Chicago
Tribune
.
William Hoeveler fue el
juez del caso. Era un abo-
gado graduado en Harvard,
con serviciomilitar en la Se-
gunda Guerra Mundial. Los
casos de mayor perfil en su
carrera fueron el de Noriega
y el del niño cubano Elián
González, a quien reclama-
ban sus familiares enMiami
yenLaHabana,yquetrasun
largo juicio regresó a la isla.
Los testigos fueron y vi-
nieron: la mayoría asegura-
ba estar presente almomen-
to en queNoriega recibía di-
nero del narcotráfico, o
cuando daba alguna orden
que violara la ley. Según la
revista neoyorquina
Har-
per
, Washington le había
pagado millón y medio de
dólares a 46 testigos en con-
tradeldictador.Eraunjuicio
que no podían perder.
Noriega, según reportes
periodísticos, permanecía
siempre callado y observa-
dor. Su esposa, Felicidad,
tambiénsolíaestarenlasala.
Aveces, conunade sus hijas,
según otro informe del
ChicagoTribune
.
El 9de abril de 1992, siete
meses después de que el fis-
cal calificaraaNoriega como
“un hombre pequeño”, el ju-
rado lo halló culpable de
ocho cargos, incluidos nar-
cotráfico, crimen organiza-
do y conspiración. Dos me-
sesdespués,Hoeveler losen-
tenció a 40 años de prisión,
queluegoleredujerona30,y
por último a 17.
Su nuevo hogar sería una
cárcel de seguridad mínima
enel condadodeMiami-Da-
de. Su celda, a la que le lla-
maban la
suite
presidencial,
tenía varios equipos electró-
nicos y también para ejer-
citarse. Comodidad, prime-
ro que todo.
Tenía menos de siete me-
ses de estar recluido cuando
Noriega mostró su lado te-
meroso: se volvió cristiano.
Atrás dejó sus supuestos
altares de brujería, el tabaco
masticado, los pollos dego-
llados; los alegados asesina-
tos, los secuestros, las baca-
nales, las violaciones. Se en-
contró con dios. Al menos
eso fue lo que contó el pastor
Joe Garman, dedicado a lle-
var la palabra a los presidios.
En su sitio web presume de
una foto autografiada por
Noriega.
El pastor acompaña la
historia del panameño con
una pregunta arriesgada.
¿Habría Jesús perdonado a
Hitler?Garmanaseguraque
sí.El señor trabajade formas
misteriosas.
JUICIO A DISTANCIA
El cuerpo decapitado del
médico chitreano Hugo
Spadafora fue encontrado
en una quebrada en Costa
Rica en septiembre de
1985. Su cabeza todavía no
aparece.
Las autopsias y los testi-
monios revelaron golpizas
en tropel, que a patadas le
introdujeron una vara por el
ano, que le cortaron la
cabeza con un cuchillo de
carnicero.
Lo detuvieron en tierras
chiricanas, después de cru-
zar la frontera desde Costa
Rica. Venía de participar en
la guerrilla nicaragüense.
Desdeallá, calificóaNoriega
de narcotraficante y le ad-
virtió que a su regreso se en-
cargaría de derrocarlo. Su
sentencia demuerte.
En octubre de 1993,
mientras Noriega se sumer-
gía entre su soledad carce-
lariaylapalabrasanta,desde
Chiriquí, el juez Luis Mario
Carrasco lo sentenció en au-
sencia a 20 años de cárcel
por ser el autor intelectual
del asesinato de Spadafora.
Noriega recibió otra con-
dena en ausencia por 20
años en marzo de 1994,
cuando lo culparon de dar la
ordenparaasesinaralmayor
Moisés Giroldi. A diferencia
de Spadafora, este no era
enemigo del dictador.
Al contrario, erancompa-
dres, luego de que Giroldi le
pidiera a su amigo general
que fuera el padrino de uno
de sus hijos.
El 3 de octubre de 1989,
un par de meses antes de la
invasión, Giroldi y 10 jefes
más intentaron un golpe de
Estado contra Noriega. Al
fallarles el apoyo de los mi-
litares estadounidenses que
manteníanbasesaorillasdel
Canal y que sabían del plan,
Noriega aprovechó y les dio
su palabra a los sublevados
de que los dejaría con vida si
desistían de su empresa. Es-
tos dejaron las armas. Los
arrestaron. Noriega reiteró
8
1,2,3,4,5,6,7 9,10,11,12,13,14,15,16,17,18,...40
Powered by FlippingBook